Los nombres de las calles y monumentos de Las Palmas de Gran Canaria guardan historias centenarias de conquistas, tradiciones y personajes ilustres, que aún laten en la memoria de la ciudad.
Las Palmas de Gran Canaria, con más de cinco siglos de historia, es un museo urbano donde sus calles y monumentos reflejan vivencias, personajes, y lugares que han dado forma a su cultura. Desde héroes locales que defendieron la isla de invasores hasta anécdotas sobre personajes del siglo XIX, cada nombre tiene una historia enraizada en la identidad de la ciudad. Algunas calles incluso preservan las huellas de profesiones ya extintas, mientras que otras rinden homenaje a figuras destacadas en la historia local.
De manantiales y señoriales casas de la inquisición
La calle Aguadulce, ubicada cerca de la actual Luis Doreste Silva, recuerda los antiguos manantiales de agua potable, en una zona costera recuperada del mar que surtía a la ciudad desde tiempos coloniales. Cerca, en la calle Armas, se perciben ecos de la época inquisitorial, pues el nombre se debe al fiscal José de Armas, una figura del tribunal de la Inquisición. Otra teoría sugiere que el nombre proviene de los arsenales militares que se establecieron en Las Palmas a raíz del asentamiento de su real en el siglo XV, necesarios para defender la ciudad en sus primeros años.
Monumentos y personajes con historias de fe y poder
En la Plaza de Santa Ana, por ejemplo, se encuentran estatuas de perros de hierro, símbolo de esta plaza que data del siglo XVI. Presidida por la Catedral de Santa Ana y diseñada con la ayuda del arquitecto Laureano Arroyo en el siglo XIX, esta plaza reúne los poderes civil, militar, eclesiástico y judicial de la isla. La Plaza de la Feria, en cambio, tiene un origen más popular. A finales del siglo XIX, aquí se celebraban ferias de ganado y eventos tradicionales, y en 1875 fue escenario de la ejecución de tres criminales. Este espacio también acogió espectáculos inusuales, como luchas canarias y corridas de toros.
La Plaza de San Telmo, cercana a la antigua muralla de Triana, debe su nombre a la ermita del santo. Fue una donación de Cristóbal del Castillo en el siglo XIX, donde se plantaron tarahales y otros árboles. En un momento fue llamada “Parque de Cervantes”, aunque San Telmo recuperó finalmente el protagonismo. Este parque refleja la expansión de la ciudad hacia la zona portuaria.
Calles con nombres de personajes ilustres y nobles causas
Otros nombres de calles reconocen la generosidad de figuras influyentes de la historia local. La calle Cano, por ejemplo, honra a Vicente Cano, un corregidor que transformó Las Palmas a fines del siglo XVIII, abasteciendo la ciudad de agua potable desde la Fuente Los Morales y mejorando las vías de comunicación. Don Antonio López Bota, jurista y alcalde, también dejó huella en la calle que lleva su nombre; dedicó esfuerzos al bienestar público, financiando la construcción del Puente de Palo y otras infraestructuras. Su devoción a Gran Canaria lo llevó a rechazar una condecoración nacional, pidiendo en su lugar mejoras para la isla.
También en la ciudad se encuentran calles con nombres de héroes como Constantino Cairasco de Figueroa, quien defendió Las Palmas en 1599 durante el ataque del almirante holandés Pieter van der Does. Las hazañas de Cairasco inspiraron a generaciones, ganándole un lugar en la historia y, por supuesto, una calle en la ciudad.
El toque pintoresco de los nombres populares y oficios locales
El paisaje urbano de Las Palmas también conserva nombres curiosos de personajes y actividades populares. El callejón Pasaje de las Chapas recuerda los días en que, al amparo de la prohibición del juego de azar, se organizaban partidas de cartas en un pequeño local escondido entre los arenales. La calle Losero, en cambio, se llama así en honor a José Flores, un pescador y cazador de ballenas que, en el siglo XVIII, fue el único isleño reconocido en este oficio por la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Su legado aún persiste en el nombre de esta vía que recorre el centro histórico.
Otros nombres de calles evocan el carácter humilde y pintoresco de personajes locales. Matula, por ejemplo, rinde homenaje a una mulata conocida como “Mamá Gertrudis”, que en el siglo XIX regentaba una casa de comidas famosa por sus mariscos y ron. Su apodo se transformó en el nombre actual de la calle, una rareza lingüística que da vida a la memoria popular.
Orígenes del comercio y la vida religiosa en Las Palmas
Algunas calles fueron nombradas por su rol en la vida religiosa y social de Las Palmas. La calle San Pedro, conocida como Bajada de los Remedios, conserva el legado de la Cofradía de San Pedro, instalada junto a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios. Esta iglesia, erigida en 1497, jugó un papel fundamental en el desarrollo del barrio, ubicado en el sur de la ciudad. Otra iglesia destacada es la de San Antonio Abad, una de las primeras construcciones bajo el dominio español. Situada en el Real de Las Palmas, esta ermita fue testigo de ataques piratas y fue reconstruida a mediados del siglo XVIII.
Finalmente, la calle del Seminario Conciliar, cercana a la iglesia de San Francisco de Borja, alberga el edificio que fue sede de la Compañía de Jesús desde 1697. Aunque los jesuitas fueron expulsados en 1767, su presencia en la ciudad dejó una huella educativa y arquitectónica con la primera escuela de la ciudad. Su iglesia y cúpula de estilo barroco se consideran entre las más relevantes de Canarias, gracias al trabajo de canteros locales especializados.
Las calles y monumentos de Las Palmas de Gran Canaria representan una herencia cultural que se ha transformado a lo largo de siglos. A través de sus nombres, la ciudad recuerda aquellos momentos y personajes que dieron vida a sus barrios y plazas. Aunque el entorno urbano evoluciona, las historias de los héroes, los santos, y los personajes cotidianos siguen vigentes en cada rincón de la capital grancanaria, dejando claro que el pasado de Las Palmas sigue presente, escrito en sus calles.
