Con la llegada del año nuevo y los propósitos que la mayoría habremos abandonado a estas alturas, la resistencia aún aguanta el tirón. Dejar de fumar, salir a correr o desaparecer. A sus tempranos 22 años, Quevedo eligió la última opción e irse sin dejar rastro. y ¿ahora qué? Su voz grave y áspera vaticinaba lo importante que es estar donde uno quiere. Jamás hubiera pensado que el canarión tendría algo que me trascendiera entre tanta base reggaetonera.
Se planteó un objetivo a cuatro años vista, no está mal. Algunos de los míos tienen más de 30 y ahí siguen. Era de esperar que la vida de estos traperos vayan más veloces que las nuestras, corriendo tras el prefacio de James Dean “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”. En el caso de Quevedo, su profecía autocumplida era sencilla “2021 sembrar, 2022 recoger, 2023 coronar, 2024 desaparecer”. Parece fácil, pero no lo es. Quién siembra en un año y se corona dos después. Sólo la flor de luna, aunque no creo que se refirieron a eso precisamente. Será mucho suponer, pero no lo imagino haciendo metáforas sobre plantas mientras escribe versos del estilo ‘”te toqué el punto G” y “el perreíto en Plaza, en Playa del Inglés”.
En su caso desaparecer no ha sido una muerte como aquella caprichosa flor, sino una estratagema marketiniana en sus redes sociales. Desaparecer pero de Instagram, ya ves que tenía truco. Detrás del claretiano, una industria. Detrás de sus mensajes, el preludio de un bombazo. No hay filosofía, hay salseo.
Quizás el truco sea ese, escribir propósitos de año nuevo que nos garanticen algo más de dinero en el bolsillo, pero, ¿quién tiene alguno de esos por ahí guardado? Así yo también los cumpliría, me coronaría, recogería lo sembrado. En mi caso no hay industria ni salseo, sólo el deseo de ser mejor, pero a quién le ha hecho rico una idea parecida. Por ahora, con todos los propósitos de vuelta al armario, vivo esperando la vuelta de Quevedo y la llegada de 2025, a ver si se da mejor el próximo enero.
