No es habitual, pero de vez en cuando alguien me pregunta por ti. Que si hemos vuelto a hablar, que si sigues en Madrid, que si sé cómo estás. Yo siempre contesto igual, con esa expresión de tradición católica que me lleva acompañando toda la vida: “Dios me libre”. Y es así, probablemente lo más honesto que puedo contestar estos días. En los rezos se dice aquello de “líbranos del mal” y yo rezo algo parecido cuando me fuerzan a recordarte. Líbrame de todos los males, del infierno y de mis pecados. De haberme negado tres veces, quizás algunas más, pero a él nunca. De haberme puesto delante en cualquier frente.
Y por ahora parece que consecuente me libra y me libera, a saber cuánto durará, ojalá toda la vida. Por si acaso yo seguiré clamando aquel “Dios me libre”, a ver si funciona.
