Una escultura de Alfredo Neri recuerda en Las Palmas al alcalde Ambrosio Hurtado de Mendoza y a su vida particular marcada por sus amistades y su amor platónico.
En el corazón de Las Palmas de Gran Canaria, en la plaza Hurtado de Mendoza, se levanta un monumento único en la ciudad: la estatua encargada en honor al emblemático alcalde Ambrosio Hurtado de Mendoza, creada por el escultor italiano Alfredo Neri. Esta obra no solo recuerda a quien desempeñó un papel importante en la historia de la ciudad, sino también a una serie de eventos, personajes y vínculos que moldearon las facetas políticas, sociales y afectivas del propio alcalde.
Ambrosio Hurtado de Mendoza, sobrino del célebre escritor Benito Pérez Galdós, nació en 1850 en Las Palmas de Gran Canaria y desde joven mostró interés por el estudio y el servicio público. Proveniente de una familia de clase acomodada, estudió en el colegio de San Agustín, el primer centro privado de Canarias. Posteriormente, completó sus estudios superiores en la Universidad Central de Madrid, donde se licenció en Derecho Civil y Canónico. A su regreso a Gran Canaria, empezó su carrera en el ámbito de la abogacía y también se interesó por la política, integrándose en el partido de León y Castillo, el cual desempeñaba un papel destacado en el ámbito político de las islas.
Hurtado de Mendoza alcanzó la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria en 1903, tras un inesperado nombramiento debido a la destitución del alcalde en funciones, Juan Verdugo, a manos del Gobernador Civil. Así comenzó un periodo de cinco años en el que Ambrosio no solo ejerció como alcalde, sino que estableció un estilo de gobierno caracterizado por el respeto a la disciplina laboral y la reordenación urbana. Entre sus acciones más notables, impulsó el desarrollo de la Calle Mayor de Triana y comenzó la urbanización de la actual plaza que lleva su nombre, situada frente al casco histórico de Vegueta y conocida popularmente como la Plaza de las Ranas.
La vida privada de un alcalde con un amor peculiar
Ambrosio Hurtado de Mendoza fue siempre un hombre soltero, amante de la cultura y, según cuentan las crónicas de la época, con una especial devoción por las tertulias y el debate. En su vida personal, Ambrosio encontró un afecto singular en Loreto Martín Castillo, conocida como “La Loreto”, una mujer popular en Las Palmas por regentar un célebre establecimiento en la plaza de Santo Domingo en Vegueta, una casa de citas reconocida en el entorno social de la ciudad. Aunque su relación era calificada como platónica, se sabe que La Loreto y el alcalde compartían una amistad profunda que, en algunas ocasiones, iba más allá de las simples formalidades. Era habitual ver a Don Ambrosio visitando a La Loreto.
Esta amistad peculiar alcanzó su punto álgido durante la visita de Alfonso XIII a Gran Canaria en 1906. Debido a una tormenta inesperada, el monarca llegó antes de lo previsto y Ambrosio asumió la labor de anfitrión. En una noche memorable, el alcalde guio al joven rey por algunos de los lugares más representativos de la ciudad, y, como punto culminante de la visita, cruzó el barranco del Guiniguada junto a Alfonso XIII para visitar la casa de La Loreto. La noche se convirtió en un evento comentado durante años y el monarca, en agradecimiento, concedió a Hurtado de Mendoza el título de Gentil Caballero, un honor que el alcalde llevó con discreción y orgullo hasta el final de su vida.
La creación del monumento de Alfredo Neri
El monumento en honor a Hurtado de Mendoza fue proyectado poco después de su fallecimiento en 1922. La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, consciente del legado de este alcalde en sus espacios públicos y en la política local, decidió rendirle homenaje de una forma singular. Para la escultura, se contrató a Alfredo Neri, un renombrado artista bolonés con especialización en el mármol de Carrara, quien plasmó en piedra la imagen de Ambrosio y, en un giro inesperado, incorporó también una escultura femenina en el conjunto.
La presencia de esta figura femenina es un detalle significativo: una referencia sutil pero evidente a La Loreto, cuya figura permanecía en el imaginario popular y en el corazón de Hurtado de Mendoza. Los ciudadanos de Las Palmas no solo apoyaron la construcción de la escultura, sino que también contribuyeron activamente a su financiación mediante una suscripción popular. Fue el secretario de Ambrosio, Eduardo Benítez Inglott, quien organizó la iniciativa, logrando reunir una considerable suma que incluyó importantes donaciones de empresarios y figuras destacadas como Tomás Miller y el médico Federico León García.
¿Cómo acaba Las Palmas de Gran Canaria dedicando a su alcalde una escultura protagonizada por la prostituta que este frecuentaba?
— Paola Llinares 🚲 (@paolallinares) August 18, 2020
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Un legado que se mantiene en el tiempo
La plaza Hurtado de Mendoza y su singular monumento no solo evocan la memoria del alcalde, sino también el recuerdo de una época marcada por la transformación de la ciudad y el desarrollo de su infraestructura, especialmente del Puerto de La Luz. Ambrosio había sido un firme defensor de este proyecto, que impulsó desde la Real Sociedad Económica de Amigos del País, al entender que un puerto moderno sería clave para el crecimiento económico y cultural de Las Palmas. El desarrollo del puerto marcó el inicio de la transición de la ciudad hacia una metrópolis cosmopolita, una visión que Ambrosio siempre tuvo presente.
Aunque la escultura original fue completada en 1923, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria realizó una restauración en 1920, preservando este singular testimonio de la historia local. Hoy en día, la plaza sigue siendo un lugar emblemático y concurrido, donde los visitantes pueden observar la estatua de Ambrosio y el simbolismo que encierra, recordando no solo a un alcalde, sino también a una época y a las personas que, de una forma u otra, compartieron su vida y su legado.
