En la localidad de El Médano, en el sur de Tenerife, se erige una estructura que es testigo mudo de un ambicioso proyecto fallido: una central termoeléctrica de energía solar que prometía revolucionar la autosuficiencia energética del Archipiélago.
El proyecto, presentado en 2008 por el ingeniero tinerfeño Daniel González, tenía como objetivo establecer la primera planta de energía solar termoeléctrica de la región. La instalación requería un casquete semiesférico compuesto por 24 espejos, una tecnología que prometía llevar a las Islas Canarias hacia un futuro más sostenible. Sin embargo, a pesar de recibir inicialmente el visto bueno de la Comisión Nacional de la Energía, el proyecto se topó con obstáculos insuperables.
La construcción comenzó sin los permisos necesarios y en un suelo rústico protegido, lo que provocó la movilización de los vecinos preocupados por la proximidad de la estructura a sus hogares. A tan solo 100 metros de distancia, la presencia de la gran parabólica generaba inquietud entre la comunidad. A pesar de los precintos y expedientes sancionadores, los trabajos continuaron, desafiando las regulaciones hasta que finalmente, el proyecto se vio obligado a detenerse.
Hoy en día, la antena se ha convertido en un punto de interés tanto para los amantes de la fotografía, atraídos por su estética apocalíptica al atardecer, como para aquellos que desprecian el medio ambiente, utilizándola como vertedero. Este contraste se da en las cercanías del Monumento Natural de Montaña Pelada, un entorno que contrasta con la descuidada imagen de la antena.
A pesar de las buenas intenciones y la innovación tecnológica, el proyecto se convirtió en una de las muchas estructuras inacabadas que salpican el paisaje de Tenerife, como el mamotreto de Añaza o el esqueleto de un complejo de viviendas en El Sauzal.
