En 2024, la producción de plátano en Canarias enfrenta una crisis sin precedentes. Aunque el sector experimentó un respiro momentáneo en los primeros meses del año, los niveles de producción han descendido drásticamente a partir de mayo, con una reducción semanal de más de dos millones de kilos en comparación con la media de la última década. Esta situación ha llevado a que, hasta el momento, la comercialización sea 17 millones de kilos inferior en comparación con el mismo periodo del año anterior.
El declive en la producción no es un fenómeno aislado. En 2022, la erupción volcánica en La Palma ya había causado una considerable inestabilidad en el sector. Sin embargo, este 2024, las causas principales del descenso se relacionan con el adelanto de la producción debido a factores climáticos adversos. Un invierno más cálido adelantó la cosecha, seguido de una primavera caracterizada por temperaturas inusualmente bajas y una sequía persistente. Estos factores han conspirado para reducir significativamente la cantidad de plátanos disponibles para su exportación a la península ibérica.
El sector reclama medidas a largo plazo
Frente a esta realidad, los productores canarios están solicitando una gestión más estratégica y a largo plazo. La Asociación de Organizaciones de Productores de Plátano de Canarias (ASPROCAN) ha enfatizado la necesidad de estabilizar la superficie productiva actual y evitar la expansión indiscriminada de nuevas áreas de cultivo. ASPROCAN ha instado al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a desarrollar un modelo que permita adaptarse a las fluctuaciones en la producción sin incrementar la oferta en exceso, lo que podría resultar en una disminución de la competitividad del sector.
Además de las dificultades climáticas, los productores de plátano están enfrentando un aumento en los costes de producción. A pesar de estos incrementos, las ayudas comunitarias han permanecido congeladas desde 2007, lo que agrava aún más la situación. La combinación de costos más altos y una producción inestable está poniendo en riesgo la viabilidad económica de muchas explotaciones agrícolas en Canarias.
En retrospectiva, el año 2023 fue una anomalía en la tendencia de producción, con niveles récord gracias a un aumento en la temperatura media. No obstante, este crecimiento no se tradujo en una mejora de la rentabilidad para los productores. El patrón general indica que las variaciones en la producción serán cada vez más comunes debido a los cambios climáticos. Por ello, el sector debe prepararse para un escenario en el que la adaptación y la resiliencia se conviertan en aspectos clave para la supervivencia.<h2>La necesidad de un enfoque sostenible</h2>
La situación actual subraya la necesidad de implementar medidas sostenibles que puedan asegurar la estabilidad del sector a largo plazo. ASPROCAN ha propuesto que se limiten las nuevas superficies de cultivo para no desequilibrar la oferta y demanda en tiempos normales de producción. Esta medida también ayudaría a prevenir la conflictividad entre los productores, quienes ya están lidiando con un entorno económico desafiante.
