Acabo de volver a instalarme en Canarias después de vivir una larga temporada en Madrid y no pensé que lo iba a echar tanto de menos. No niego que el panorama cultural de las islas se ha incrementado exponencialmente desde que salí de Gran Canaria allá por 2015. Teatro, música, arte, pero ¿y el cine? Yo era de ir a mis salas favoritas un mínimo de dos veces al mes. Los Renoir, los Verdi, los Paz, los Ideal, eran mis cines preferidos de la capital o, al menos, los que tenía por costumbre frecuentar.
Por eso, una de las primeras cosas que hice cuando volví a Las Palmas fue mirar la cartelera del cine Monopol, que lleva cerrado más de 3 años, pero lo había olvidado por completo. Tenía todo lo que me gustaba, era pequeño, con películas en versión original, una oferta alternativa a las grandes pantallas y enconado en el centro de la ciudad, por lo que podía ir y volver dando un paseo por la calle de Triana, que es el mejor plan cuando sales del cine, echarte a caminar rumiando las imágenes y diálogos que se han quedado en tu cabeza. Así que cuando fui consciente de este trágico cierre, me puse a buscar qué alternativas había. No voy a mentir, las opciones me horrorizaron. En este saco no voy a meter ciclos de cine del Teatro Guiniguada ni nada por el estilo, no porque no me parezcan un plan estupendo, sino porque se alejan de la cartelera actual. Para poder ir caminando al cine sólo tenía una opción, meterme en un centro comercial. Quizás parezca exagerado, pero imagina la misma fotografía anterior: casco histórico, una calle peatonal, aire libre, rumiar la película en tu cabeza… Ahora encláustralo en un edificio mastodóntico y hortera, ponle luces, pero muchas y muy fuertes, métele ruido y música de discoteca latina. Como comprenderás, el shock al salir de la sala es tal que lo único que quieres es echarte a correr para llegar a la calle lo antes posible. El peor final de una película, da igual lo buena que sea.
Desde que estoy aquí, y ya van unos meses, sólo he podido ir en una ocasión y porque era una española. Desde hace ya más de 10 años me declaré incapaz de ver películas que no fueran en versión original. Ya sé que decir esto es de ser cretina y peor, con ínfulas de cultureta, pero una vez te acostumbras ya no te conformas con menos, sin desmerecer a los dobladores. Y ahí volvió la sensación de horror, en Gran Canaria no hay películas en VOSE. Bueno, corrijo, no hay, apenas. Para que te hagas una idea, estaba revisando la cartelera del viernes, que convengamos que es un buen día para ir al cine, y sólo había una sesión disponible en versión original, para una peli coreana que no me interesaba nada.
Estamos a 8 días de los Goya y me faltan aún cuatro películas que no podré ver aquí, por muy españolas que sean. Para los Óscar de marzo, ni las cuento. Me siento una cinéfila deshauciada en un paraíso para casi todo lo demás. Trato de aprovechar cuando viajo a Madrid para condensar todos los filmes pendientes en cuestión de días, pero no me da la vida ni el bolsillo. De hecho, suena incluso pretencioso, viajar para ir al cine, las entradas más caras del mundo. Contaba con hacerlo para conciertos, alguna obra de teatro o una exposición, ¿pero para ver una película? Eso no lo vi venir.
Sé que el Monopol cerró por la falta de rentabilidad, por el auge de las plataformas, por el COVID-19. Pero la realidad es que no ha vuelto a abrir, y no creo que sea casualidad, por mucho medio que diga que están buscando nueva sede.
Ya habrá quedado claro, pero me gusta ir al cine contra todo, aunque esté abarrotado. Adoro el paseo hasta que llego, los tráileres de las películas que están por estrenar y que se me antojan irrenunciables por muy malas que sean. Me encanta llegar pronto, comprar mi botella de agua, hacer pis antes, silenciar el móvil. Me divierte odiar a los que comen roscas y a los que comentan las películas en alto. Me gusta escuchar mis programas de radio para saber si los culturetas opinan igual que yo. Pero para vivir eso, necesito poder hacerlo. No quiero consumir cine en mi casa. Quiero el pack completo del cine del barrio. Estoy segura de que no soy la única.
Así que sólo puedo decir una cosa. Amantes del cine que habitan Canarias, uníos.
